La vicepresidenta Francia Márquez se refirió a su paso por el Gobierno en un discurso en el que habló de las polémicas que se han generado y a lo que ha tenido que vivir en los últimos meses debido a que ha sido relegada y que, incluso fue retirada del Ministerio de la Igualdad.
«No voy a fingir que no me duele, que no cansa, que no desgasta. tengo ganas de gritar, tengo ganas de contar cómo este país nos arrastra en sus narrativas de exclusión, nos asfixia en sus desconfianzas y luego nos culpa por no respirar», señaló.
Añadió: «¿Cómo se elimina a una mujer negra del poder en una democracia contemporánea?, con narrativas que sirven de antesala para los explosivos y las balas. Narrativas que repiten: torpe, incapaz desconfiable, desleal y traidora».
«Crean el terreno perfecto para que alguien considere que, al eliminarnos, hacen patria, para hacer evidente las consecuencias que tiene cultivar el odio racial en contra de quienes nos atrevemos a ocupar espacios», enfatizó
El fuerte pronunciamiento fue hecho durante la Conmemoración del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas Afrodescendientes que se realiza en Cali, en el que hizo referencia a su trabajo y al trato que ha sufrido en estos tres años.
Según dijo, la cohibieron de realizar actividades pidiéndole respeto, además, de asociar su color de piel con actividades ilegales.
“Se promovió la idea de que como soy negra, seguro robo. Me trataron como criminal porque mi color de piel me hace culpable. Me exigieron ser sumisa y cuando reclamé respeto me dijeron soberbia”, señaló.
Aunque no mencionó los nombres, aseveró que los responsables fueron los integrantes del gabinete presidencial y personas allegadas al Gobierno.
Aseguró que como vicepresidenta ha buscado ser una voz de aliento y esperanza a las comunidades vulnerables en medio de la complicada situación del país pero que en el momento en que decidió contrariar órdenes fue catalogada como “traidora”.
“Hace algunos años fui la voz que recorrió el país, fui la cara de la esperanza. La mujer afrodescendiente que traía el eco de los ríos, de las casas humildes, de los saberes populares, de las manos callosas, de las mujeres que limpian las casas ajenas mientras sueñan con una vida digna. Pero pronto pasé de ser el fenómeno político, la heroína, a ser la ‘traidora’”, dijo.
Reconoció que el racismo continúa siendo prominente dentro y fuera de las esferas del Estado por lo que dijo que continuará trabajando para que esto se elimine y las niñas, jóvenes y mujeres afrodescendientes puedan vivir con “dignidad”.
Así mismo, manifestó su inconformidad por el proyecto que aseguraba ser del cambio, que según señaló se fue desdibujando: “Somos útiles para ganar elecciones pero no para gobernar. Se nos quiere en la foto, pero no en la toma de decisiones, se nos quiere obedientes y si no que obedecemos viene el castigo, la violencia política, la deshumanización pública”.

«Desde la campaña hasta hoy he vivido episodios de deslegitimación y sabotaje»
Sobre su labor en el Ministerio de la Igualdad, aseguró que no le dieron los instrumentos para poder cumplir con lo que le exigían.
“Me dieron la misión de crear una institución sin estructura, sin recursos, sin apoyo. Me dijeron: ‘Hazlo tú’. Y cuando argumenté que tres viceministerios eran muchos, me exigieron cinco. Lo hice, a pesar del bloqueo sistemático”, señaló.
Agregó: “Me acusaron de no ejecutar, cuando jamás me entregaron el instrumento para hacerlo. Se promovió la idea de que como soy negra, seguro robo. Sin haber tocado un peso, me trataron como criminal”.
“Porque el color de mi piel, tristemente, para muchos, ‘me hace culpable’. Me exigieron ser sumisa. Cuando exigí respeto, me llamaron arrogante. Poco a poco, lo que se me dijo en privado se va haciendo público», señaló Márquez.
“Hoy entiendo por qué tantas personas afrodescendientes que han llegado al poder se silencian, el precio de hablar es alto. No se nos permite la irreverencia y nuestros errores se magnifican”, dijo al darle la razón a las personas afrodescendientes que han tenido la oportunidad de llegar a acompañar un proyecto político y terminan apagando su voz.
Y puntualizó señalando: «Se nos quiere como símbolo, pero no como un pueblo con voz. Se nos quiere obedientes. Y si no obedecemos, entonces viene el castigo: la violencia política, la cancelación y la deshumanización pública”.
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