El presidente Abelardo De La Espriella aseguró “el periodista tiene derecho a investigar al gobierno, cuestionar sus decisiones, denunciar irregularidades y publicar informaciones que puedan resultar repelentes para quien ejerce el poder».
El mandatario consideró que la libertad de prensa es democracia por lo que recalcó que “el derecho a criticar no es una concesión del gobernante» sino “una consecuencia natural y lógica de la libertad en democracia».
El Jefe de Estado recordó que hace más de seis décadas el presidente estadounidense John F. Kennedy habló precisamente de esa relación entre el poder y la prensa.
“En medio de enormes preocupaciones por la seguridad de los Estados Unidos, pidió responsabilidad a los medios, pero advirtió que la seguridad nacional no podía utilizarse para impedir que los ciudadanos conocieran aquello que tenían derecho a saber”, dijo el jefe de Estado durante la inauguración de la nueva sede de la Casa Editorial de EL TIEMPO.
Añadió que “esa distinción es esencial. La defensa de la nación no puede convertirse en una excusa para encubrir los errores del Estado o del gobierno».
De acuerdo con el presidente De La Espriella, “entre los riesgos propios de una prensa libre y un gobierno facultado para decidir qué puede publicarse, siempre me inclinaré por la libertad de prensa».

Al mismo tiempo, planteó que “defender sin reservas la libertad de prensa no significa llamar periodismo a todo lo que se presenta bajo ese nombre», ya que “una cosa es el periodismo, con todo lo incómodo, crítico, severo e implacable que pueda llegar a ser con el poder, y otra muy distinta, utilizar ese oficio para propósitos que nada tienen que ver con informar».
“Este es un país libre. Quien quiera hacer política o defender una agenda partidista está en todo su derecho. Lo que no es serio ni honesto con la sociedad es presentar como periodismo lo que en realidad es una operación política, una persecución contra adversarios o la conversión de odios y obsesiones personales en supuestas investigaciones de prensa. Lo mismo ocurre cuando se utiliza una plataforma periodística para proteger intereses particulares», enfatizó.
En este contexto, el mandatario recalcó que “el periodismo no puede convertirse en una cobertura respetable para fines ajenos al derecho de los ciudadanos a estar informados».

“Yo respeto profundamente al periodista que ejerce su oficio con seriedad, incluso cuando el resultado de su trabajo incomode. Ningún respeto, en cambio, me merece quien utiliza ese oficio para hacer militancia, ajustar cuentas personales o tramitar asuntos particulares bajo la apariencia de una labor de reportería», sostuvo.
Añadió: “Con la firmeza que me caracteriza, defenderé la libertad de prensa sin vacilaciones, sin matices, y seguiré planteando los debates que considere necesarios para proteger los altos intereses de la nación, para proteger la salud de la República, como decían los antiguos romanos».

Llamar al terrorismo por su nombre
El presidente De la Espriella hizo una reflexión sobre el tratamiento del terrorismo en escenarios informativos, tras señalar que este debe entenderse como una amenaza contra toda la Nación y llamó la atención sobre los desafíos de la sociedad frente a las estrategias de propaganda utilizadas por las organizaciones criminales para amplificar el miedo y la violencia.
“El terrorismo no es una opinión política ni una expresión áspera del debate democrático. Es la utilización deliberada de la violencia y del miedo para someter a una sociedad, quebrar el orden institucional e imponer por la fuerza la voluntad de quienes actúan al margen de la ley. Por eso lo digo claramente: el terrorismo es enemigo de toda la patria y de la sociedad libre», señaló el jefe de Estado.
Por eso, el mandatario planteó la necesidad de reflexionar sobre la forma en que las organizaciones terroristas buscan proyectar sus mensajes hacia la opinión pública, aprovechando distintos canales de difusión para fortalecer sus estrategias.

En ese contexto, invitó a abrir una discusión sobre los límites entre la información de interés público y las acciones que podrían terminar favoreciendo los objetivos propagandísticos de quienes recurren a la violencia.
“¿Dónde termina el legítimo deber de informar sobre un terrorista y dónde comienza el riesgo de servir involuntariamente a su estrategia de propaganda? Es una discusión que Colombia debe dar”, manifestó.
Agregó: Investigar a una organización terrorista, descubrir su financiación, revelar sus estructuras, documentar sus crímenes y exponer sin matices sus acciones antisociales responden plenamente al interés público”.

“Distinto es el caso en que una entrevista o un espacio informativo deja de aportar elementos útiles para comprender los hechos y termina ofreciendo al terrorista una tribuna para difundir amenazas, justificar sus crímenes o imponer su relato», expresó.
El jefe de Estado recordó experiencias internacionales como la de España frente al grupo terrorista ETA y enfatizó que las estructuras terroristas requieren no solo recursos materiales para operar, sino también mecanismos que les permitan amplificar sus mensajes e intimidar a la población.
Asimismo, insistió en la importancia de no alterar la naturaleza de los delitos mediante expresiones que puedan legitimar o suavizar conductas criminales.

“Una extorsión no se transforma en un impuesto revolucionario porque así la llama quien cobra el dinero bajo amenaza. Un secuestro no deja de ser secuestro porque sus autores hablen de una retención, y un asesinato no adquiere dignidad política porque sus perpetradores pretendan denominarlo ‘ejecución’”, dijo.
Al reiterar su llamado a mantener una posición firme frente al terrorismo y sus mecanismos de intimidación contra los colombianos, señaló: “Las palabras importan, porque el lenguaje puede describir la realidad, pero también deformarla, con graves consecuencias para el Estado de Derecho y la sociedad».
Protección a las víctimas
Finalmente, el mandatario indicó que otro asunto que le preocupa profundamente es el relacionado con las víctimas: “La capacidad comunicativa del terrorismo puede hacer que la atención pública termine concentrándose más en quien ejerce la violencia que en aquellos que la padecen».
Al respecto consideró que “no le corresponde al presidente resolver esa atención ni señalarle al periodismo cómo debe abordarla».
“Como Presidente, mi obligación es otra: garantizar que los periodistas puedan ejercer su oficio sin presiones del poder. Las decisiones editoriales les corresponden exclusivamente a ustedes, apreciados periodistas», concluyó el presidente, Abelardo de la Espriella.
*Vea aquí: Dura advertencia de De la Espriella por presuntos nexos de funcionarios locales con grupos armados ilegales.
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