El Papa León XIV aseguró, desde la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en París, que la Inteligencia Artificial «no puede responder» al «sentido de la existencia humana».
«La inteligencia artificial agrava este problema: si bien estos sistemas son capaces de correlacionar datos, no pueden responder preguntas sobre el sentido de la existencia humana, que se fundamenta en la experiencia vivida. Sin embargo, los seres humanos no pueden vivir sin sentido. El sentido es el oxígeno de la mente», aseguró.
Durante su visita, Robert Prevost puso un olivo y firmó en el Libro de Honor, deseando que la UNESCO siga promoviendo «de manera tan valiosa la cooperación internacional en los ámbitos de la educación, la ciencia y la cultura».
En su discurso, el pontífice lamentó que a algunos «sistemas artificiales se les ha atribuido incluso el nombre de la facultad humana de pensar: inteligencia» al mismo tiempo que las «ideas y relaciones corren el riesgo de empobrecerse por un proceso de deshumanización».
«Mientras que se atribuye ‘inteligencia’ a los sistemas informáticos, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se evalúan según el criterio de la eficiencia», señaló.
En este contexto, el León XIV invitó a concebir la UNESCO no solo como una «ilustre organización internacional» sino como un lugar en el que «la humanidad reflexiona sobre sí misma, sobre su historia y su futuro»; tras subrayar que promover la educación, la ciencia y la cultura es «imposible sin promover la vida de los hombres y las mujeres, que son sus protagonistas».

Concebir la vida como un “don”, no como una “mercancía”
El papa aseguró que «la vida ya no se concibe como un don, sino como una mercancía. Ya no se ve como un llamado al cuidado y la responsabilidad, sino como un producto para ser explotado».
En esta línea, recordó que todos los seres humanos nacen «desnudos y necesitados», nacen «pobres», pero al crecer corren «el riesgo de olvidarlo. Y las mayores consecuencias de esta amnesia las sufren quienes más lo necesitan, cada vez que su humanidad es traicionada o descartada, explotada o engañada”
“El olvido de nuestro nacimiento oscurece la idea de la vida humana, porque la desvincula de la historia común a todos», indicó.

También recordó que «nadie ha decidido de quién, ni cuándo, ni dónde nacer» y, por tanto, ha defendido que todos son «hermanos» y que la «humanidad es, desde el primer momento, un don y una prueba, una promesa y una responsabilidad».
Además, el pontífice destacó que quienes se dedican a la educación, la ciencia y la cultura están «aún más llamados a cuidar de cada persona», para que «la belleza de la libertad resplandezca».
«Esta belleza tiene un nombre: justicia. Sí, la libertad es hermosa cuando se orienta hacia la bondad y la verdad; se corrompe cuando se desliza hacia la arbitrariedad, la violencia y la sed de poder», advirtió.

La guerra: “La más terrible de las obras humanas”
Por eso, insistió en que ser humano conlleva «una responsabilidad» pues «mediante su compromiso, puede cultivar o desfigurar la tierra, producir arte o destruir».
En este momento, según señaló, «la más terrible de las ‘obras humanas’ es la guerra; pues en ella, la ciencia misma se pone al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar».
Evocó asimismo la imagen bíblica de la Torre de Babel y dijo que hoy «la tentación de Babel se presenta de nuevo en una globalización perseguida sin fraternidad, en el colonialismo financiero ávido, en las imposiciones ideológicas, en todos esos contactos sin vínculos que reducen la vida humana al comercio».

También hizo un llamado a proteger el planeta, asegurando que «la actual crisis ecológica es una crisis antropológica» y ha advertido de la «crisis de eficacia» que experimentan las instituciones ante las «múltiples urgencias» de este tiempo.
«Por un lado, están llamadas a responder a desafíos que ningún Estado puede afrontar por sí solo. Por otro, estas mismas instituciones experimentan una crisis de eficacia, especialmente cuando el diálogo se percibe como un freno a la acción en lugar de un recurso para la paz, como una forma de hipocresía en lugar de una oportunidad para buscar el bien común», manifestó.
Ante estas tendencias, expresó su «confianza en la UNESCO, como en otras organizaciones internacionales, consciente de que cada pueblo posee una riqueza que debe compartirse en la búsqueda de ese progreso auténtico que solo la paz puede garantizar».
No se trata de predicar un optimismo ingenuo que ignore las dificultades, sino de perseverar en la esperanza de que el bien siempre es posible», puntualizó.
*Con información de Europa Press
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